
Al cabo del año, destacan dos fechas en las que vas a cambiar tu vida, el fin de año y la vuelta de vacaciones. Son momentos en los que te planteas lo realizado hasta ahora y lo que te falta por acometer.
Es época de proponerte aprender idiomas, de rebajar esos kilos que te sobran, de aplicarte en los estudios, de intentar mejorar en el trabajo y de empezar una de esas absurdas colecciones que invaden los kioscos.
El sueño al levantarte (que pronto se acostumbra el cuerpo al no madrugar), la gente en el autobús con cara de lunes y tus compañeros de trabajo que intentan alardear de que las suyas han sido las mejores vacaciones de todas. Pero tu estas tranquilo y descansado.
Te encuentras feliz, lo has pasado bien y estas con fuerzas, la verdad es que hoy en mi primer día de trabajo y no puedo dejar de pensar a donde iré en las próximas vacaciones. A algún lugar de ensueño, en algún lugar remoto, aunque cuando llega el momento y ves la cartilla del banco, buscas la mejor oferta que encuentras.
La vuelta a la rutina también me la pedía el cuerpo, y no hay que desesperar que cuando nos queramos dar cuenta ya estaremos en el Pilar, luego el puente de la Inmaculada y Navidad.
Osea (jo tia) que a los que se han reincorporado al puesto de trabajo hoy, como yo... ÁNIMO, alegrar esa cara, que ya falta poco para las siguientes y salud mucha salud.
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