
Lo han vuelto a hacer. De nuevo el País Vasco aparece manchado de sangre. De noche para que no les vean. Para que la oscuridad oculte aún mas los rostros de estos cobardes. De nuevo un niño no podrá jamás olvidar ese sonido. El de la bomba. 41 años tenía Juan Manuel Piñuel su padre, nadie podrá contestar a su hijo, por qué murió. Porque no existe razón. Aunque algunos la intenten buscar, nada justifica una muerte, una familia rota por el dolor, un niño que crecerá si su padre.
Malditos cobardes y malditos los que los apoyan y los que sacan partido del dolor. Como todos terminareis pagándolo.


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