A nadie nos gusta tener delante de nuestra ventana un contenedor de basura, eso es normal, lo molesto del ruido y los olores hace quizás mas incampié en esta época estival. Pero no quiero hablar de los contenedores desde este enfoque, sino de su situación respecto al entorno en el que estan situaods. Cuando hace unos meses el ayuntamiento de Zaragoza cambió los contenedores a unos de mayor tamaño, decidió cambiar muchos de ubicación, pero los cambió sin tener en cuenta si interfieren en la disposición correcta respecto a la calle en la que se iban a situar.
Paseaba el otro día por la avenida Pablo Gargallo, cuando me crucé con unos ancianos que se lamentaban de no encontrar un banco donde sentarse a descansar. Una conversación quizás intracendente, pero que me chocó al poder ver como a escasos 100 metros había un banco libre por el que seguro que habían pasado. Al llegar a la altura del banco enseguida entendí la razón.
La vista quizás no era la más hermosa para tomar un descanco, ni las fragancias las más gratificantes. Las mentes pensantes encargadas de la colocación de estos contenedores, deben de trabajar con una serie de patrones fijos que cada x metros debe haber un contenedor y no se paran a pensar si el lugar es el más adecuado.
No es un caso aislado, si eres como yo y te gusta patearte las calles de Zaragoza, habrás visto otros ejemplos por otras lugares, sería interesante recopilarlos para realizarles al ayuntamiento, el trabajo que deberían ellos hacer.


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