Hay que ahorrar costes y hay que sacarlo de algún sitio. Hemos pasado de la molestia de la luz del acomodador cuando la película había comenzado y el tardón estresado llegaba haciendo ruido a interrumpir tu momento cine, al tardón estresado, torpe y ciego por falta de la linterna salvadora, que te pisa al pasar,  mientras una lluvia de palomitas caen sobre tí.

El acomodador del cine ha desaparecido, este fin de semana en los cines Aragonia, pude comprobarlo. El cine cada vez es menos cine o quizás nó, el cine sigue siendo cine pero ha cambiado como la sociedad. Pasillos interminables con salas a los lados, administrativas que expiden entradas, que parece que vas a sacar unos billetes de avión en lugar de pasar un rato ante la gran pantalla. El aplauso final de la película. Ya no se aplauden las películas, las películas empiezan frías y terminan frías. Y el cine cada vez es mas ordenador y menos realidad.

Gran película Agora. Al fín una película en que los malos somos los cristianos y mira que hemos hecho cosas malas en la vida. Superproducción estilo americana, con trama y estilo Europeo. Amenabar un monstruo.