Aunque Callejeros es un programa que siempre saca lo distinto, ya que es de entender que sacar a un señor que cada mañana va a trabajar a la Opel no es vendible, he de decir públicamente que yo vivo en El Gancho. Vivo en El Gancho y no soy una vieja que parezco al "pozi" que se vuelve loca escuchando Ghost, ni una familia gitana "española" como se encargó de resaltar la chica entrevistada, ni vendo droga, ni robo bicicletas con mis amigos árabes que odian a España, ni compro en el Mercado Central en esos puestos tan "frikianos" que vimos, ni voy gritando en las calles que soy un modelo de El Corte Inglés.

No digo que sea falso lo que se mostró, puede que en algún caso incluso se quede corto, pero no es todo El Gancho así. El reportaje de cuatro ayer debe hacer sacarnos los colores a los que aquí vivimos y a los que nos gobiernan desde la Plaza del Pilar. El Barrio tiene gente "rara", aunque la rareza la determina cada uno, pero existen muchos más que no lo son.

La familia gitana, violenta y española que nos mostró ayer cuatro que viven en la calle Predicadores, debe ser referente para la policía de donde hay una familia conflictiva. Me chocó y por eso lo estoy recalcando varias veces, como enfatizó la chica gitana lo de "española" como distanciándose dentro de una bola racista de los gitanos portugueses.

Los chicos árabes, que robaban bicis, entre otros hobbys, y que tanto se encargaron de mostrar públicamente su odio hacia España, pueden encontrarse en uno de los cruces de calles que más miedo dan en El Gancho. Estos cruces son los de la calle Cerezo con Bogiero y San Pablo. Ese sector pide a gritos patrullas policiales a diario o como el cruce de la misma calle con Agustina de Aragón al otro lado de Conde Aranda. Ayer cuatro nos los mostró, y la policía sabe donde buscar. Incluso algunos dijeron públicamente sus fechorías, acto que ya de por sí debería haber hecho barrer la zona a la policía esa misma noche.

Todo esto es la basura de El Gancho, pero no todo es así. En el barrio vivimos gentes de todas culturas, religiones, nacionalidades, y que nos dedicamos a vivir. A trabajar y a intentar entre todos hacer un El Gancho más sociable. Me gustó del reportaje, aunque no se sumergió en demasía en el mismo, la labor que hace la iglesia de San Pablo en el Barrio y os lo digo yo, un ateo de los pies a la cabeza.

Me hubiera gustado que hubieran hablado de la falta de servicios que hay en el barrio, de lo imposible que es aparcar, de las asociaciones que intentan hacer que los vecinos se integren entre sí, la falta de espacios culturales. Pero estas cosas venden menos, si en cambio vendió y me chocó el gimnasio de la calle La Salina. Aunque veo a gente entrar en él no pensaba que era un símbolo tan significativo del barrio, como pueda ser los todavía valientes en estos tiempos comercios del barrio, de toda la vida, que todavía subsisten y que fueron el origen del comercio en Zaragoza, como un libro publicado en 2009, nos habla de él y que desde aquí recomiendo. Comercios como Primitivo Gil y sus Palomitas del Pilar, Almacenes Moncayo, Perdiguer, Monter, por citar algunos.

De todas maneras el reportaje, supongo que habrá hecho a más de uno si tenía pensando en trasladarse al barrio a cambiar de opinión y espero que haya hecho tragar saliva a más de algún dirigente político de esta ciudad.

El mayor problema es en mi opinión la seguridad de algunas calles por la noche y de las gentes que las ocupan, y si ese es el problema la solución es sencilla, presencia policial.

Aunque se han hecho cosas, todavía faltan muchas por hacer.